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Slow living. Vivir despacio en un mundo que va rápido. 

Siempre he vivido en grandes ciudades. De pequeña -aunque recuerdo poco- en Barcelona; casi toda mi vida en Buenos Aires con viajes a São Paulo -donde también tengo familia-; medio año en Beijing y en los últimos ocho años en Ciudad de México. Si. Todas y cada una de ellas, grandes aglomeraciones urbanas que se alimentan cada día de sus multitudes, del tráfico, de las actividades comerciales y culturales entre tantas otras cosas; así como de sus construcciones que se multiplican para satisfacer las necesidades de quienes ya las habitan y de aquellos que no tardarán en llegar…

Hay gente a la que le escapa a este tipo de vida, a mí me gusta la vida urbana. Disfruto su dinamismo, su movimiento; sin embargo, no su estilo acelerado que tantas veces exige un exceso de tareas, todas bien hechas y en todos los ámbitos.

Si existe algo que aprecio en mi vida, es el tiempo. Busco equilibrar las prisas con las pausas… vivir un ritmo de vida que me permita disfrutar de todo lo que hago. Porque en definitiva, el tiempo no pasa… pasa la vida…

Y muy conectado a todo esto, está el movimiento slow living, una vertiente del slow food que tiene como objetivo, fusionar placer y alimentación con conciencia y responsabilidad como respuesta a los efectos estandarizados del fast food.  El slow living, se adapta a cada uno de manera diferente. Es un movimiento que promueve un estilo de vida en el que podamos imponer nuestros tiempos y ritmos, nos invita a reflexionar y vivir la vida de manera más consciente; priorizando aquellas actividades que disfrutamos hacer y aprendiendo a conjugarlas con nuestras obligaciones labores y/o académicas…

¿Cómo? Con cosas simples… valorando los momentos cotidianos con tus seres queridos, agradeciendo lo que tienes, durmiendo lo necesario para descansar, leyendo un buen libro, caminando, llevando una vida más positiva y consciente, estando en contacto con la naturaleza, cocinando y disfrutando de la comida, practicando actividad física, priorizando las actividades a realizar, dedicándote tiempo a ti mismo y principalmente buscando la felicidad en los pequeños detalles.

Es hora de relajar el ritmo, dejar de mirar el reloj y disfrutar de cada momento. Es hora de ir despacio. Bienvenidos al movimiento slow, bienvenidos a una vida de pequeñas alegrías que podrían hacer la gran felicidad…

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