Argentina Basura Cero Consume Consciente Genera un cambio

Nosotros, parte del problema y de la solución

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Liviano, moldeable, impermeable, duradero y económico. El plástico está por todos lados y la cantidad que se consume, realmente es absurda. Su uso roza lo compulsivo, aflorando la cultura del “usar y tirar” como marca registrada de nuestra sociedad actual. Si bien es un material noble para muchas cosas, muy probablemente el problema comenzó cuando empezamos a utilizar un material que dura cientos de años para fabricar artículos que se desecharían en días o apenas unos minutos, como los desechables de un solo uso. Tal vez, no dimensionamos que todo el plástico creado por el ser humano, aún existe en algún lugar del planeta…
 
El plástico no se biodegrada; con el paso del tiempo, se rompe en partículas más pequeñas manteniendo su composición química y aunque puede llegar a ser imperceptible para el ojo humano, no significa que desaparezca. Los microplásticos, afectan directamente la vida silvestre y contaminan nuestro entorno. Como si fuera poco, estudios recientes han encontrado restos de plástico en la miel, la sal, el agua potable y hasta en el aire que respiramos. Pensarlo es una locura, pero paradójicamente, pareciera que ni con esos datos nos preocupamos por cambiar nuestros hábitos. No solo nos hemos convertido en seres egoístas e individualistas, sino que naturalizamos ciertas cosas, aceptando en lugar de cuestionar. 
 
¿Sabes lo que pasa con el plástico una vez que lo desechamos?
 
El escenario ideal sería su total reciclaje, pero el escenario real es que gran cantidad termina en un vertedero o incinerado. Sin embargo, también aseguran que a través de las aguas de los sistemas de drenaje, el plástico termina en las vías fluviales y en los océanos; dando vueltas por el mundo y produciendo una gran cantidad de problemas ambientales. Dicen que una misma imagen, cambia de perspectiva cuando la vemos con nuestros propios ojos, cuando la vivimos. Es así y este fin de semana lo comprobé una vez más. Me invitaron a una limpieza que se llevó a cabo en Buenos Aires organizada por Parley.TV + Unplastify. Éramos cerca de 300 voluntarios y durante 2 horas recolectamos más de 50 bolsas de 2 metros de altura colmadas de botellas de plástico, botellas de vidrio y otros residuos entre los cuales, lo que más había era telgopor, también conocido como poliestireno expandido. Fue un ejercicio mental exhaustivo. Por cada botella u objeto que levantaba, me preguntaba cómo era posible semejante falta de respeto hacia la naturaleza que tanto nos da. También me preguntaba cómo habían llegado algunas de las cosas de uso cotidiano con las que me iba encontrando como calzados, encendedores, juguetes, cepillos de dientes, aerosoles, lápices, bolígrafos, entre otras cosas. Desde cuándo, desde dónde y a quién le pertenecería esas cosas, ¿su dueño lo había tirado?, ¿lo había perdido?, cuando limpiáramos todo, después de la próxima marea, ¿volvería a darse ese escenario tan literal de nuestros hábitos de consumo? Si bien a veces el contenido ya había cumplido con su fecha de caducidad, el envase continuaba intacto…
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Independientemente de esta mezcla de emociones, me considero optimista y estoy convencida que entre muchos pocos, podemos lograr un cambio. Muchos pocos, sí… porque aunque seamos muchos, continuamos siendo una minoría. Estamos despertando y en constante aprendizaje. Cada día se suman más personas que desde un ambientalismo imperfecto, hacen lo que pueden con la intención de dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos. Es algo para valorar. Y eso es inspirador. Claro que hay mucho por hacer, pero creo que además de conciencia, es necesario más educación, más compromiso, más empatía, más respeto y que el género humano vuelva a conectarse con la importancia de trabajar en equipo y los valores, que hoy en día siento, muchas veces, están en falta. 
¿Políticas públicas? Si, claro, son necesarias para cambios a nivel masivo. Pero tenemos que ser conscientes que como consumidores, tenemos un poder irrebatible. Entonces, todo recae nuevamente en nuestras acciones; en la responsabilidad con las que tomamos nuestras decisiones y en nuestro compromiso por minimizar nuestro impacto ambiental. 

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